La crisis que vivimos es real y urgente, pero la urgencia nunca puede estar por encima del respeto a la persona humana. La época de la esclavitud terminó hace siglos, y nadie puede exigir que se trabaje sin descanso como si las personas no tuvieran límites. Si el cuerpo se agota, ¿quién sigue construyendo? La prudencia y la organización son la clave: sí, podemos avanzar las 24 horas, pero mediante turnos justos, distribuidos y dignos, no con lógicas que recuerdan a tiempos superados.
Las recientes declaraciones del presidente Abelardo De La Espriella, citando una frase atribuida a Diomedes Díaz durante el anuncio de ayudas para la reconstrucción tras el terremoto, han generado polémica y malestar. Muchos consideran que el tono y el mensaje no reflejan la prudencia que se requiere en momentos de dolor y emergencia, sino más bien una postura que ignora el cansancio, el esfuerzo y los derechos de quienes trabajan por levantar al país.
No se trata de no hacer nada: se trata de hacer las cosas bien, con ética, con humanidad y con estrategia. La unión integral, el trabajo organizado por turnos y el respeto a los derechos laborales son la verdadera fórmula para reconstruir con fuerza y permanencia. Tratar a la gente como máquinas no es solución, es el camino al agotamiento y al fracaso colectivo.
¿Qué opinas? ¿Crees que el gobierno debería priorizar también el bienestar de quienes trabajan en la reconstrucción? ¿Es posible avanzar rápido sin exigir a la gente más de lo que puede dar? Cuéntanos ![]()
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